| Cartas desde Gaza (13)...mirando la Mezquita de la Roca |
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| Martes, 12 de Agosto de 2008 |
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Para algunas personas las cosas llegan fácilmente, mientras que para otras son sólo sueños que no se realizan con tanta facilidad, este es mi caso. Preguntándome la razón, ya que antes no había solicitado un permiso para dejar la franja de Gaza, se me escapa la respuesta. Todo lo que puedo decir es que la vida en Gaza algunas veces te asfixia hasta tal punto que mina toda la voluntad de vivir, de saborear y experimentar cualquier fuente de alegría, entonces me pregunto porque lo intento.
Condujimos alrededor de Jerusalén Este, estaba realmente sorprendida cuando salí del coche y giré para ver la impresionante vista de Jerusalén. La experiencia fue tan emocionante para mí que de pronto rompí a llorar. Sentí que por fin había encontrado mi paz interior. Delante de mis ojos había un hermoso paisaje sin fin con miles de árboles, allí estaba – antiguo pero aún nuevo, honorable y humilde – un magnifico e imponente edificio: la Mezquita de la Roca ¿Estoy soñando? Me pregunté. Por primera vez pude ver este lugar santo con mis propios ojos, no por historias que me han contado o por las fotos de otros.
Hipnotizada por la santidad del lugar, no quería dejar de observarlo. Me sentí conectada a ella y no quería marcharme. Quise volar sobre la Mezquita, para ver cada esquina, tocar cada piedra, para escuchar cada susurro de las paredes, los callejones y las piedras. Pero sé que necesitaría una vida entera para entender el misterio de este lugar sagrado. Mi corazón late acelerado, como si estuviera aterrorizado, como si supiera que es mi primera y última vez aquí. Me sentí como si hubiera registrado cada diminuto detalle. Pero al mismo tiempo, a penas podía contener mis sentimientos de entusiasmo aquel viernes, en el que por fin pude ir rezar a la Mezquita de la Roca, mi lugar más preciado. Najwa Sheikh Ahmed es una refugiada de Palestina que viven en el campo de Nuseirat con su marido y tres hijos. |


Actualidad 







En Jerusalén, encontré a mis compañeros, a algunos nunca les había visto antes y a otros sólo les conocía por teléfono y a través de email. Me llevaron a dar una vuelta rápida por la ciudad. Estaba tan abrumada con el entusiasmo y la ansiedad que no quise ni parar para descansar. Era asombroso como estando en mi octavo mes de embarazo, no me sentía fatigada, como si me ocurría cuando estaba en Gaza. Es como si el aire más allá de las fronteras de Gaza fuese fresco y estimulante, llenándote con un poder infinito.
La espiritualidad de la Mezquita de la Roca me abrumó, capturándome de cuerpo y alma, dejándome débil y vulnerable. La mezquita me ha embelesado, con todos sus secretos y misterios – una de las maravillas del mundo por su arquitectura y diseño. El domo de oro brillaba a la luz del sol, como si desafiase todos los ataques contra ello y llamaba a los visitantes. Es muy raro este sentimiento que te captura y paraliza siempre que tus ojos miran algo tan sagrado, antiguo y majestuoso.