| Desquicie compartido en Palestina Jesus A. Núñez Villaverde* |
|
|
| Viernes, 14 de Julio de 2006 |
Sólo desde la más absoluta oposición a darle una mínima oportunidad a la paz puede entenderse la situación que nuevamente se da en Palestina. De nada sirve, desde hace ya muchos años, intentar averiguar quién empezó primero la actual escalada: da igual si han sido los israelíes- con sus asesinatos selectivos contra dirigentes de los grupos violentos palestinos o con sus castigos colectivos, que pueden suponer la muerte de quienes tratan de buscar un momentáneo escape en una playa de Gaza- o los palestinos- lanzando unos cohetes manifiestamente erráticos (de los miles lanzados hasta ahora, únicamente se han registrado dos muertos) o matando a unos soldados en su puesto de guardia. Nadie supondrá que secuestrando a un soldado se incrementan las posibilidades de alcanzar los objetivos políticos de independencia palestina. Nadie creerá tampoco que el lanzamiento de una operación de represalia a gran escala- que vuelve a dejar claro que la decisión de septiembre pasado no era una verdadera retirada de la Franja de Gaza sino un simple redespliegue unilateral- en la gran prisión en la que malviven 1,5 millones de palestinos va a acercar a Israel a sus objetivos de ser aceptado en la región como un vecino más. Como en tantas ocasiones anteriores, se repite desgraciadamente la imagen de que nunca se desaprovecha la ocasión de desaprovechar una oportunidad si no para la paz (muy lejana desde hace años), sí al menos para abrir alguna rendija esperanzadora tras el débil acuerdo alcanzado entre el primer ministro Ismail Haniya y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, sobre el llamado “Documento de los Prisioneros”. Quien haya planificado y llevado a cabo la operación de secuestro del soldado israelí (al que se añaden al menos otras dos personas en los últimos días) sabe que ésa es una manera inmejorable de arruinar cualquier posibilidad de cambiar la preocupante tendencia al desastre, tal como se viene manifestando en la zona desde hace tiempo. Su intención en este caso no era impedir el inicio de los contactos (no cabe hablar ni de diálogo, ni mucho menos de negociación) entre Ehud Olmert y Abu Mazen. Esos contactos, incluyendo el realizado en el desayuno informal celebrado hace unos días, sólo cabía interpretarlos como una mera escenificación teatral en la que Olmert haría como si presentase una propuesta de negociación, simplemente para provocar el inevitable rechazo del rais palestino, lo que le permitiría justificar ante la comunidad internacional (Estados Unidos, en definitiva) la inevitabilidad de adoptar unilateralmente su plan de convergencia (fragmentación de Cisjordania para pasar a controlar definitivamente aquellas zonas donde se localizan los principales asentamientos y el valle del Jordán). No les bastaba, tampoco, con el radical rechazo israelí al documento mencionado anteriormente, que contemplaba cuestiones tan inviables hoy como la retirada israelí a las fronteras de 1967, la liberación de todos los presos palestinos en cárceles israelíes o el derecho al retorno a los refugiados palestinos. Quien tiene en sus manos al soldado de las Fuerzas de Defensa Israelíes pretendía, más bien, reventar desde dentro de la escena palestina el acuerdo logrado en última instancia para evitar que hubiera que llegar a un referéndum, tal como había anunciado Abbas en un último intento por forzar a Hamas a reconocer su autoridad. La aceptación por Haniya de esa propuesta nacida en las cárceles israelíes, al margen de su inviabilidad, ha puesto de manifiesto la fractura que se está produciendo entre los dirigentes del Movimiento de Resistencia Islámica del interior, con el propio Haniya a la cabeza, y los que siguen en Damasco, con Khaled Meshal como principal referente. Estos últimos, menos dados al entendimiento con Al Fatah que los primeros, están intentando evitar que Abbas pueda recuperar terreno en su pretensión de ser reconocido como el responsable de desarrollar los contactos con Israel. Su violenta actuación deja así desactivado el acuerdo, incluso aunque sea a costa de arruinar el futuro político del actual primer ministro palestino. Entienden que la violencia sirve mejor a sus intereses que un hipotético gobierno de unidad nacional o la entrada del propio movimiento islamista en la Organización para la Liberación de Palestina (algo que Hamas ya había aceptado). Por su parte, nadie puede suponer que la destrucción de la principal central eléctrica de Gaza y de los canales de suministro de agua a la población de la Franja, o la detención de 84 dirigentes de Hamas- entre los que destacan 7 ministros y 21 parlamentarios- sirvan a Israel ni para recuperar al soldado secuestrado, ni mucho menos para convencer a nadie de sus ansias de paz. Una vez más, y ya son demasiadas, cabe insistir en que por esta vía ninguna de las dos partes logrará nunca sus objetivos. Pero también es necesario reconocer que, dentro de la tragedia diaria que vive la zona, vuelve a ser Israel quien sacará tajada de esta nueva escalada de violencia. Su aplastante superioridad militar y su amplio margen de maniobra en la escena internacional (gracias al costoso, pero inquebrantable, respaldo estadounidense) le permitirán salir políticamente indemne de esta coyuntura, le otorgará alguna nueva ventaja sobre el terreno (el muro y los asentamientos siguen su incansable curso) y le facilitará la eliminación de algunos cabecillas y dirigentes palestinos molestos. Si, a cambio, alguien tiene que llorar a los previsibles muertos de esta nueva violencia desatada, siempre se puede echar mano del recurrente argumento de los “daños colaterales”. Comentarios: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla * Jesús A. Núñez Villaverde – Co director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) Texto para Radio Nederland , 30 de junio de 2006. |


Actualidad 







