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Dificultades de acceso a la clínica de la UNRWA en Jerusalén Imprimir E-mail
Jueves, 02 de Marzo de 2006
Las consecuencias que la construcción del muro y los continuos controles tienen para la salud de la población palestina.

 

Fatmeh Abu Ghileh habla animadamente a través de su velo. Fatmeh está embarazada de 16 semanas. Esta mañana, después de haberle sido denegado el acceso en al paso israelí de Abu Dis, cuando intentaba llevar a su hija de un año a la clínica gestionada por la  UNRWA situada en la ciudad de Herod para su chequeo mensual, tuvo que pasar atravesando una colina y saltando una pared para llegar al otro lado.

 Antes de la construcción del muro, el trayecto desde Abu Dis hasta la clínica de Jerusalén le llevaba 15 minutos. Ahora, bromea, “sólo lo haría en este tiempo si pudiese volar”. Esta mañana tardó una hora y media llevando a su bebe a cuestas.

El doctor de la UNRWA Zakaria Sharif explica que los chequeos mensuales son extremadamente importantes para las mujeres que acaban de dar a luz y para sus bebés, especialmente en el caso de Fatmeh, cuya hija nació prematuramente.  “Un retraso en estos chequeos puede ocasionar problemas de salud tanto a las madres como a sus hijos, pero algunas mujeres se sienten tentadas ante esta opción cuando están obligadas a esperar ante un control de acceso. En verano deben esperar bajo el sol y el calor, y en invierno, bajo el frío”.  La hija de Fatmeh necesita vacunas que sólo se pueden obtener en las clínicas, ya que en Abu Dis no hay centros públicos. Las mujeres como Fatmeh se encuentran ante el dilema de posponer sus revisiones médicas poniendo en peligro su salud y la de su hijo, nacido o no, o hacer un trayecto muy arriesgado hasta llegar a la clínica.

La hija de Fatmeh nació por cesárea en el hospital de Maqassed, en Jerusalén y fue ingresada varios días antes del parto. Esta vez no sabe que pasará. “Depende del control de acceso. Cuando vaya  a dar a luz intentaré pasar. Puede que me dejen o puede que no. Si no me dejan pasar daré a luz en casa. Hay mujeres mayores que han ayudado a otras mujeres a dar a luz, pero esa es toda la asistencia que tendré”  

Otra madre lleva a su hijo al centro clínico maternal y de infancia de Mariam Jahali. También vive en el este de Jerusalén, detrás del muro, en Al-Asaris. Como Fatmeh,  Mariam tardó una hora y media en llegar a la clínica esta mañana. Llevaba a su hijo Mohammed, de cuatro meses, a un chequeo. Mohammed, además, nació con problemas de salud, lo que le obligó a pasar sus primeros 20 días de vida en Cuidados Intensivos. “Cogieron mi tarjeta de identificación. Les enseñé a mi bebé enfermo y les pedí que me dejaran pasar. Al final lo hicieron, pero ya he tenido que cancelar dos citas en ocasiones anteriores”   “Cuando estuve de parto de Mohammed, me llevaron a toda prisa en una ambulancia al hospital de Maqassed, pero en el control me hicieron esperar, y si hubiesen pasado unos minutos más hubiese dado a luz allí mismo. Conozco mujeres que lo han hecho”  

El número de pacientes ha descendido drásticamente por problemas de acceso como estos. El Dr. Zakaria estima que las consultas han descendido en un 30 ó 40%, porque ahora el acceso a la clínica es muy difícil.   “Antes de la construcción del muro atendíamos entre 200 y 300 personas cada día. La mayoría venían de los barrios del este. Ahora atendemos apenas a un 10% de aquellos. Prefieren atravesar cruzando las montañas que pasar por los controles. Por esta razón el número de madres que traen a sus hijos al centro ha descendido”.  

Sin embargo, a pesar de que muchas mujeres tienen problemas de acceso al centro, se ha dado un incremento general en el número de pacientes debido al aumento del número de personas que cuentan con  tarjeta de identificación de Jerusalén. Si un refugiado de Palestina tiene tarjeta de identificación de Jerusalén debe usar los recursos de esta ciudad, ya que de lo contrario pierde los beneficios de su seguro de salud. Esto significa que la clínica sigue atendiendo un número similar de consultas.  

Adnan tiene fiebre y esta mañana ha tenido que bordear el control caminando para poder pasar desde el Campo de Shu’fat con su madre, para no tener que pagar los 50 shekels (aproximadamente 10 euros) que cuesta el transporte. Adnan es el paciente número 117 hoy y quedan muchos más por llegar. Ayer 265 personas fueron atendidas sólo en la farmacia. La clínica cuenta con 61.341 pacientes con expediente. Hoy la clínica está llena: los pacientes hacen cola con sus números de cita escritos a mano en trozos de papel. Los  médicos van corriendo de un departamento a otro con habilidad entre la clínica de enfermedades no contagiosas, el cuarto de observación, y la consulta de citas generales.   “No podemos pasar mucho tiempo con cada paciente” dice el doctor Zakaria, mientras mira realiza un reconocimiento del oído de Adnan, “pero atendemos a todo el mundo”.  

Por otro lado, la plantilla de la clínica, que cuenta con tarjetas de identificación de la UNRWA, tiene problemas de movilidad similares a los de los pacientes. Cuatro miembros de la plantilla del Dr. Zakaria viven fuera de Jerusalén y tienen permisos de Cisjordania. Esto significó que uno de los sábados del mes de enero, de una plantilla de 32 personas, 4 no pudieran asistir al trabajo debido a que los controles de acceso estaban cerrados.   El jefe de farmacia, Rana Abu Latifa, viaja cada día al trabajo desde Belén. El mes pasado perdió tres días de trabajo.  

“En el control de acceso de Gilo no miran nuestras tarjetas de identificación en el autobús sino que nos hacen bajar, lo que toma muchísimo tiempo. Por eso ahora usamos el túnel que va de Belén a Jerusalén”.   “Pero cada vez que hay un ataque, como el de Netanya el mes pasado, hay una gran posibilidad de que no pueda ir a trabajar. Aún con el autobús de la UNRWA nunca estamos seguros de qué carreteras estarán abiertas. Los últimos cuatro días no hemos podido usar el túnel “. El  jefe del laboratorio técnico  Fida Zeid, debe dejar su casa de Ramallah, a 5 millas de la clínica, a las 6 de la mañana, para poder esperar la hora que su autobús es detenido en el control de Qalandia. “A veces llegamos allí y nos dicen que no podemos pasar ni con las tarjetas de la UNRWA, que es un área cerrada.”  

Fida ha trabajado en la clínica durante 9 años y tiene claro que los problemas de acceso no le impedirán continuar con su trabajo. El problema es que los pacientes que están aquí hoy tienen que pagar 50 shekels de transporte para obtener salud “gratuita”, o andar por la montaña cargando con sus niños, y debido a esto pueden empezar a poner su salud en riesgo.

 
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