| Donde hay voluntad… |
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| Martes, 20 de Marzo de 2007 |
Siendo mujer, refugiada y discapacitada, Amneh Sager debería ser considerada por muchos como alguien que debe afrontar dificultades en tres frentes. Sin embargo, su historia brilla como un ejemplo de lo que una persona puede conseguir con determinación. A la luz del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, la UNRWA se fija en la exitosa historia de esta mujer. Es fácil darse cuenta de que Amneh Sager es una persona cercana y cariñosa. En efecto, así es el modo en el que trata a sus hijos gemelos de nueve años, Omar y Khaled y a su hijo de cinco años, Abdulhadi. Su marido puede también confirmarlo, así como que siempre está dispuesta a escucharte. En el trabajo es una extraordinaria jefa, con la que el personal de siempre puede contar. Su entusiasmo, determinación e integridad inspira a todos aquellos que la conocen y la quieren. Nacida en 1968, Amneh vivió con su familia en Yarmouk, Siria. Contrajo la polio con tres años y contra todas las expectativas, terminó la secundaria y asistió a la Universidad de Damasco donde ganó un premio en Administración y Gestión. Cuando sonríe, Amneh refleja su experiencia como persona discapacitada y cuenta: “Yo diría que fue más fácil para mí arreglármelas que para mi familia y mis amigos. Este inconveniente que experimenté, en realidad me dio más fuerzas para luchar, la inmovilidad fue un gran obstáculo, pero no una verdadera barrera”. Sin embargo, detrás de la sonrisa de Amneh perduran recuerdos de los tiempos duros que soportaron juntas su madre y ella. Amneh rememora: “Mi madre estaba profundamente apesadumbrada al principio, pero llena de fe y amor se adaptó a la nueva situación y me dio todo el cariño y la atención que necesitaba una niña discapacitada como yo. De esta forma, aprecié cuán difícil y agonizante puede ser la vida para las personas con discapacidad y para sus familiares más cercanos”. A pesar de todo, su discapacidad nunca ha disuadido a Amneh en la consecución de las metas que ella misma se impuso. Su resistencia y energía han hecho que siempre fuese capaz de enfrentarse con mucho más de lo que se esperaba de ella en su trabajo como Jefa del Programa de Asistencia en Campo y Servicios Sociales de la UNRWA. Recientemente ascendida a este puesto, Amneh es la primera mujer en cubrirlo. Ella brinda en su trabajo todas las habilidades y la experiencia que adquirió al hacer frente a tantos retos en su vida. Amneh se unió a la UNRWA como voluntaria en el Programa de Asistencia y Servicios Sociales en 1992 y fue más tarde cuando fue promocionada al puesto de Oficial Aministrativa. Ha asistido a numerosas conferencias sobre la transversalización de la discapacidad en Bahrain, Dubai, Jordania, Líbano, y el Reino Unido. “Me encanta mi trabajo. Me resulta totalmente natural ofrecer mis servicios: lo llevó en la sangre”, explica Amneh. “Lo que más me gusta es que me he convertido en un auténtico miembro de mi comunidad y que llevo una vida normal y útil. Me siento feliz de haber salido airosa en aspectos claves de mi vida. Las personas discapacitadas que han sido marginadas durante toda su vida están poco a poco aprendiendo a hacerse su hueco en la comunidad”, añade Amneh. Amneh está también encantada con el progreso conseguido por la UNRWA en la rehabilitación de los centros de su comunidad donde personas discapacitadas obtienen la asistencia que necesitan. Funcionando con la ayuda de la comunidad local y el personal voluntario, estos centros han contribuido al cambio en las actitudes sociales dentro de la comunidad refugiada hacia las personas con discapacidad. Cambiar las actitudes de la gente hacia aquellos que sufren discapacidades lleva tiempo, dice Amneh, pero, a pesar de todo ha detectado algún progreso. Algunas familias sienten que alguno de sus miembros sea disminuido es un estigma o una carga que deben sobrellevar de puertas para dentro. “Desafortunadamente, mucha gente en nuestra comunidad ve a las personas con discapacidades desde un enfoque muy negativo. Es una forma de ceguera de nuestra sociedad”. Mucha gente con discapacidad es discriminada impidiéndole el acceso a muchas oportunidades: “la accesibilidad es un prerrequisito necesario para la gente discapacitada para poder disfrutar de las mismas oportunidades”, dice Amneh. Sin embargo, hablando sobre lo que muchos verían como un infortunio, Amneh avala que una fuerte voluntad y una mente activa pueden fácilmente compensar cualquier discapacidad física. La confianza y el optimismo de Amneh sólo se equiparan a su belleza. Y ella sonríe rápidamente cuando llama “al mundo entero” a tratar a las personas discapacitadas como miembros productivos de la sociedad en igualdad de condiciones para todos. Amneh resalta que tratar asuntos sobre discapacidad es un frente muy importante para reducir la pobreza. Ella cree que sacando a los discapacitados fuera de las oscuras esquinas, llevándolos de vuelta a las calles de la sociedad y empoderándoles para prosperar en el dominio de sus propias capacidades, se conseguirá mucho más para mejorar la vida de una enorme cantidad de miles de personas que estarán de lo contrario condenadas a estar entre los más pobres de los pobres de los países en desarrollo. Amneh dice: “He aprendido un gran reto en mi trabajo con la UNRWA. En efecto, tal vez, la parte más importante de dar es que uno puede aprender muchísimo en el proceso”.
Este artículo es parte de la serie de artículos de la UNRWA sobre mujeres refugiadas durante el mes de marzo, de acuerdo a la celebración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo |


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