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Situación en la Franja de Gaza cuatro meses después de la evacuación de las colonias ilegales israelíes. Imprimir E-mail
Jueves, 19 de Enero de 2006

“Al menos esto es un cambio” comenta Karen Abu Zayd, Comisionada General de la UNRWA, al hablar sobre la retirada de Israel de las colonias ilegales de la Franja de Gaza que se produjo el pasado verano. “En la UNRWA vemos esto como una oportunidad. Los últimos años han sido de completo estancamiento.”  Sin embargo, con el cambio viene una mayor inestabilidad y, de acuerdo con Abu Zayd, lo que se puede encontrar hoy en Gaza es una mezcla de esperanzas y miedos.



El campo de refugiados de El Nuserait es una mezcla de estas emociones. 60.000 personas viven hacinadas en pequeñas casas temporales dentro de edificios separados tan solo por estrechos callejones. Sus residentes fueron testigos de la evacuación del antiguo asentamiento judío de Netzarim, situado a escasa distancia de sus viviendas, y de la retirada de los últimos soldados de la zona. La euforia inicial comienza ahora a desvanecerse y ha dado paso a la incertidumbre para la población de El Nuserait.

  

 

Mahmoud al Najar vive con su mujer y sus dos hijos en El Nuserait. No ha podido trabajar en los últimos años y su familia es una de las más pobres del campo de refugiados. El hogar familiar, una pequeña casa prefabricada de hojalata, es el vivo reflejo de la persistencia de la pobreza. No tiene agua corriente y la familia, incluyendo sus dos hijos de dos y cinco años, se las componen con un solo baño improvisado para toda la familia en el exterior de la casa. “No hay trabajo” dice Mahmoud. El piensa que sus duras condiciones de vida lo han dañado física y psicológicamente. Hay un sentimiento de desesperanza en la familia, que es dependiente de la ayuda y del apoyo de los familiares. Reciben alimentos básicos como harina y arroz, y un pequeño subsidio económico de la UNRWA. Mahmoud también recibe asistencia sanitaria gratuita en una clínica cercana gestionada por la UNRWA.

 

 

La evacuación de los antiguos asentamientos debería ser un signo de esperanza para alguien como Mahmoud. Sin embargo, está lejos de pensar que las cosas van a mejorar. “Ya no tenemos ninguna esperanza”, dice. “Sentimos que  todo va a seguir como era antes. Las cosas pueden mejorar para algunas personas, pero nosotros somos demasiado pobres y jamás nos beneficiaremos de todo esto.”

 

Abu Zayd admite que hay incertidumbres: “la gente no sabe que pasará y se muestran escépticos sobre los beneficios que pudieran suponerles la evacuación de las colonias ilegales de Gaza. Pero hay algunas posibilidades, construir un puerto creará mucho trabajo y limpiar los escombros empleará a muchas  personas.”

 

Aqual Mases, un trabajador social de la UNRWA, visita a la familia de Najar al menos una vez al mes. Forma parte de un equipo de 9 trabajadores y está encargado de supervisar el bienestar de 250 familias. Entre todos ellos se ocupan de más de 2.000 familias clasificadas como “Casos Especialmente Graves”. No todas las familias están tan mal como la de Al Najar. “Hay quienes ven una oportunidad para que mejoren las cosas” dice Aqual. “Algunos tienen hijos que están estudiando y estos niños serán capaces de obtener un trabajo”

 

Una de las personas que tiene esta perspectiva es Reem Mawafa, quien también vive en el campo de El Nuseirat. Reem destaca, dentro de su empobrecido entorno, vestida con una elegante chaqueta color crema  y una falda larga azul a juego con su pañuelo. Se acaba de graduar dentro del sistema de educación gestionado por la UNRWA como ingeniera, y ahora espera encontrar un empleo. Ella ve la retirada como algo que traerá nuevas oportunidades y, a pesar de que el desempleo de su padre crea presión sobre su situación para que se convierta en el sostén de su familia, ella es bastante optimista: “estoy segura de que las cosas van a cambiar económica y socialmente.”  La mayor sombra dentro del optimismo de Reem es la influencia continuada de Israel sobre los espacios marítimos, aéreos y las fronteras de Gaza. “Israel todavía controla los recursos económicos. Todavía sentimos que el territorio de Gaza está ocupado. De cómo esta situación evolucione depende nuestro futuro”

 

 

Por ahora, sin embargo, la familia todavía requiere de la asistencia de la UNRWA para alimentarse y subsistir. “Mientras que la situación esté así la seguiremos necesitando. Nuestro futuro todavía es algo incierto. Espero poder encontrar un empleo permanente, pero necesito a alguien que me ayude a conseguirlo. Ya lo he intentado en varios sitios, pero todavía no me han contratado”, continua Reem.

La hermana de Reem, Khaloud, está estudiando psicología en la Universidad Islámica en Gaza, pero al contrario que su hermana, ella no podrá graduarse y buscar el trabajo que desea como psicóloga, ya que no puede permitirse pagar las tasas de inscripción. Como su padre, Salam, seguirá sin empleo, viviendo en una casa desestructurada con el techo en ruinas. “Tenemos que vivir aquí. Mi padre es mayor y no puede trabajar, así que no tenemos ninguna otra  alternativa”:

Otra opción puede presentarse a través del desarrollo de las antiguas colonias israelitas. Salam no sabe con seguridad si será beneficiado con esto: “Netzarim necesita despejarse, pero ahora no sabemos quién es propietario de la tierra. A lo mejor podemos en un futuro vivir allí. Espero que nos ofrezcan algo.”

Mientras que los residentes del campo viven con esta incertidumbre, la necesidad del apoyo de la UNRWA continúa, especialmente entre las familias que Aqual, el trabajador social, clasifica como extremamente necesitadas. “Hacemos una investigación y ayudamos a los que más lo necesitan. Las razones de la pobreza son numerosas. Tienen también muchos hijos e hijas, no hay trabajo y hay muchas enfermedades debido a las condiciones de pobreza. También ofrecemos asesoramiento y apoyo a las familias. La ayuda se mantiene hasta que la familia se encuentre en una posición mejor. Por ejemplo, si alguien en la familia encuentra un trabajo que le permita salir de la situación límite en la que se encuentra, usamos la ayuda para otra familia más necesitada”.

Todas las familias provenientes del Campo de El Nuseirat son refugiados que huyeron a Gaza en 1948. Aqeal Mosead era uno de los que fueron forzados a marchase cuando las fuerzas israelíes asumieron el control de su ciudad natal, de Beer Sheba, ahora parte de Israel. Aqeal es jardinero, pero no ha tenido un jardín en el cual trabajar desde que llegaron a Gaza. “Somos beduinos”, dice él “No puedo decirle cuanta tierra teníamos” pero hasta 1997, él y sus doce hijos seguían estando sin hogar, asistidos por el programa de asistencia de la UNRWA. Con la ayuda de la UNRWA, pudo construir una casa de ladrillos de tres habitaciones.


 

Cuando se le pregunta por el futuro de Gaza después de la evacuación de las colonias israelíes, él vacila y sacude su cabeza. “Esperamos que las cosas cambien, eso pedimos a Allah” ¿Pero que puede hacer un hombre si ha perdido su tierra y no tiene posibilidad de encontrar un trabajo? ¿Cómo le puede afectar este problema? Esta es una zona de guerra. En algunos  momentos hay una cierta calma y en otros la lucha es continua. Esto es todo lo que sé” Tiene dudas también sobre la situación política. “Si Israel quisiera, podrían hacer que las cosas mejoraran en Gaza. Pero no sé si quieren eso. También necesitamos un nuevo gobierno y más cooperación entre los palestinos”.

 

Abu-Zayd admite que hay razones para dudar: “Hay muchos interrogantes” cometa. “Hay esperanzas de creación de trabajos y para la mejora de la economía, pero esto no se puede llevar a cabo si no hay libertad de movimientos”. Ella prefiere cerciorarse de que la comunidad internacional no se olvide de Gaza y espera que los donantes les apoyen y que la Autoridad Palestina trabaje junto con la UNRWA para ayudar a implementar los proyectos. “Si conseguimos los fondos necesarios, esperamos conseguir realizar cambios más visibles”

 

Traducción realizada por el Comité Español de la UNRWA.

 
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