| Una iniciativa italiana ayuda a cumplir los sueños de los refugiados palestinos en la frontera de Siria e Iraq |
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| Jueves, 25 de Septiembre de 2008 |
La iniciativa de la UNRWA de crear unos cursos de formación profesional para los refugiados de Palestina de Siria e Iraq, se llevó a cabo gracias a financiación del Ministerio italiano de Asuntos Exteriores. Durante el mes de agosto, más de 50 jóvenes y niños participaron en la amplia gama de actividades en el Centro de Entrenamiento de la UNRWA de Damasco. Siria, Agosto 2008 Es pasado mediodía de un caliente sábado de Agosto. La carretera que une Damasco con Al-Tanf – en la frontera con Irak – se encuentra desierta. El aire es muy seco y calmo. Dentro de una furgoneta de la UNRWA, un grupo de refugiados palestinos adolescentes canta y baila. Moussab es uno de ellos. Su sonrisa ilumina todo el coche. “Estoy muy feliz”, confiesa. El joven de 22 años siempre ha soñado con tener su propia repostería donde vender dulces a sus clientes. Después de participar en un curso vocacional de 6 semanas en el Centro de Entrenamiento de la UNRWA (DTC), ubicado en Damasco, su sueño está más cerca de hacerse realidad. Moussab ha asistido al curso junto a otros 83 refugiados de los campos de Al-Hol y Al-Tanf. El grupo ha desarrollado sus habilidades en diversas áreas como informática, jardinería, artesanía, electricidad del hogar, telefonía móvil y soldadura. "Ha sido una oportunidad sin precedentes para mí, no sólo por lo que he aprendido en el curso – cosa que seguramente aumentará las posibilidades de mejorar en mi trabajo y finalmente, me ayudará a conseguir mis sueños – también porque me ha permitido salir del campo, escapar de todos los problemas que conlleva vivir allí, visitar Damasco y, cómo no, conocer a todas estas personas encantadoras” nos cuenta Moussab sobre su experiencia en ese curso intensivo que, además de talleres específicos, incluía actividades recreativas y excursiones. Moussab aprendió las aptitudes básicas sobre carpintería como parte de una iniciativa, concebida por la UNRWA y financiada por el gobierno de Italia, cuyo objetivo era ofrecer a los jóvenes y niños refugiados de Palestina, que llegaron hace poco años a Siria escapando de la guerra civil en Iraq, actividades de educación y ocio. Cuando el autobús autorizado por las Naciones Unidas recorre la Línea Verde desde el territorio sirio hasta frontera y llega finalmente a la zona donde se encuentra el campo de Al-Tanf, los aplausos y hurras dentro de la furgoneta se elevan eufóricamente. Después de un largo viaje de cuatro horas, la furgoneta hace una parada justo en medio del campo de refugiados de la UNHCR, donde un sin número de tiendas de campaña se aglomeran alrededor de una escuela de la UNRWA. Ni la temperatura de 45ºC es capaz de reducir la excitación de la comunidad que les recibe, compuesta por los familiares de los nuevos recién llegados. Moussab se lanza a los brazos de sus hermanos. Se abrazan; se ríen y lloran al mismo tiempo. Como el resto de los habitantes del campo, sus hermanos han hecho frente a muchas dificultades desde que llegaron en octubre del 2007. Sus padres decidieron abandonar Bagdad después de varias amenazas de muerte y el secuestro de algunos familiares y amigos. "Es maravilloso estar de vuelta” dice Moussab, secándose las lágrimas. Su participación en el curso – que contó con la presencia de un psicólogo especialmente entrenado para trabajar con los refugiados – le ha proporcionado un necesitado tiempo de respiro. "Ahora podré volver a jugar con Mohammed y Hassan y empezar a poner en práctica todo lo que he aprendido", añade con una gran sonrisa. Mohammed y Hassan, de10 y 8 años respectivamente, son los vecinos de Moussab del campo de Al-Tanf. Además de otros 50 niños refugiados palestinos que habían abandonado Iraq para acudir al campo de verano organizado por la UNRWA, que tuvo lugar unas semanas antes en la costa mediterránea de Siria. Bajo la dirección de un motivado grupo de voluntarios muy bien entrenados, los chicos participaron en todo tipo de actividades, desde natación a pintura y clases de inglés. Esa fue la primera etapa del proyecto de la UNRWA creado por los italianos, y dirigido a los refugiados palestinos más vulnerables: los niños. “Fue un buen proyecto presentado por la UNRWA, que coincidió con la idea de ayuda humanitaria que tenía el Ministerio italiano de Asuntos Exteriores y la disponibilidad de fondos destinados a paliar las demandas de los refugiados de Iraq”, explica el doctor Damiano Franco, responsable de cooperación de la Embajada italiana en Damasco, sobre la aportación económica italiana de 72.000 dólares a estos programas. "Es maravilloso, era la primera vez que veía el mar y fue muy emocionante”, dice Mohammed refiriéndose a sus recuerdos del campamento de verano. Ahora, después de una enriquecedora experiencia veraniega, Moussab, Mohammed y Hassan han vuelto con sus familias a Al-Tanf. Sus futuros siguen siendo inciertos, pero seguramente más prometedores. "Estoy seguro que, después de trabajar algunos años, utilizando las técnicas que he aprendido en los talleres de carpintería, seré capaz de ayudar a mi familia, salir del campo y empezar una vida nueva”, dice Moussab con una expresión de confianza en sí mismo en su rostro. "Al-Bustan" (que significa “jardín” en árabe) contesta Moussab, cuando le preguntamos qué nombre le pondría a la tienda de dulces con la que tanto sueña. Puede que un día no muy lejano, Moussab pueda preparar deliciosos postres a sus amigos Mohammed y Hassan en ella. Texto y fotos por Diego Gomez-Pickering |


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