| Veterana Clienta de Préstamos del Programa de Microcréditos de la UNRWA se enfrenta a un duro golpe |
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| Miércoles, 16 de Enero de 2008 |
“Casa día nuestra situación se hace peor. No vemos la luz al final del túnel la cual podría por lo menos permitirnos arriesgarnos un poco. Estoy muy preocupada, ya que no sé cómo una gran familia como la mía va a poder sobrevivir sin una fuente principal y segura de ingresos” Aysha Abd El-Qader Ehmaid es una mujer innovadora y emprendedora del área de Sheikh Radwan en la ciudad de Gaza. En 1979, Aysha dio sus primeros pasos como comerciante cuando comenzó a vender ropa de segunda mano a mujeres de su barrio en una pequeña habitación de su propia casa. Más tarde, como la industria textil se desarrolló en Gaza, Aysha comenzó a vender localmente ropas manufacturadas de niño y mujer. También bordaba vestidos palestinos tradicionales y otras prendas que vendía a sus clientes. Aysha es una veterana clienta de la UNRWA. Le fue concedido su primer préstamo cuando se estableció el programa de Microfinanzas de la UNRWA en 1994. Aysha, como muchos otros comerciantes usó su préstamo para viajar al extranjero y comprar mercancías de moda que pudiera revender en Gaza. De Egipto compraba ropa de mujer y niño, sartenes de aluminio; y de Jordania, vestidos y ropa de cama con los bordados tradicionales de Palestina. Antes de cada uno de sus viajes, Aysha recibía un préstamo de la UNRWA. Durante 12 años su negoció se expandió y fue capaz de devolver sus préstamos sin dificultad, ganando mensualmente un beneficio de alrededor de 500 dólares. “Si recibes un préstamo, tienes que devolverlo”, este era el consejo que ella daba a otras mujeres que deseaban emprender sus propios negocios. Cuando Hamás ganó las elecciones legislativas en enero de 2006, Israel cerró la frontera entre Egipto y Gaza e inmediatamente cesó las relaciones con la Autoridad Palestina interrumpiendo todas las transferencias de impuestos que suponían un importante ingreso para la Autoridad Palestina. En abril de 2006, los donantes también suspendieron la financiación internacional a la Autoridad Palestina. Como consecuencia dejaron de pagarse los salarios al personal del gobierno palestino durante los siguientes18 meses. Aysha, como los demás habitantes de Gaza, se vio seriamente afectada por estos acontecimientos. Cuando sus tres hijos casados dejaron de recibir sus salarios, Aysha tuvo que hacerse cargo ella sola del mantenimiento de una familia de 25 miembros. Pero el ingreso que generaba de la venta de sus bienes comenzó a resultar insuficiente para cubrir los gastos básicos de su hogar. Con las fronteras de Gaza durante más tiempo cerradas que abiertas, Aysha no pudo viajar más al extranjero. Cuando hubo vendido todo el inventario de Egipto y Jordania, intentó vender entonces mercancías locales y aumentar las ventas de sus propias prendas bordadas. A pesar de sus intensos esfuerzos y su extraordinaria innovación, el beneficio generado a través de las manufacturas locales era considerablemente menor a la cantidad que obtenía al vender importaciones de Egipto y Jordania. Ello significó que por primera vez en 12 años Aysha no pudo devolver a tiempo los préstamos mensuales a la UNRWA. Desde que Hamás tomó la franja de Gaza en junio de 2007, la frontera de Egipto y Gaza ha sido estrechamente sellada. La mayoría de las manufacturas textiles locales han tenido que dejar de fabricarse porque el coste de producción ha subido a niveles insostenibles, aumentando el coste de los productos hasta precios inasequibles para la mayoría de los habitantes de Gaza. La propia Aysha no ha podido comprar ya más manufacturas locales. “El uniforme del colegio para un niño solía costarme de 20 a 25 shéquels, ahora cuesta más de 50”. En estos momentos, Aysha sólo puede permitirse vender sus propios bordados hechos a mano, lo que supone para ella un ingreso de 200 shéquels (aproximadamente 50 dólares), una cantidad que le hace imposible cubrir las necesidades básicas de su familia, sólo puede devolver los préstamos pendientes de su deuda. “Casa día nuestra situación se hace peor. No vemos la luz al final del túnel la cual podría por lo menos permitirnos arriesgarnos un poco. Estoy muy preocupada, ya que no sé cómo una gran familia como la mía va a poder sobrevivir sin una fuente principal y segura de ingresos”, dice Aysha. |


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